Dorita era una niña que vivía en Kansas con sus tíos y su perro Totó. Los dos se divertían de lo lindo en la granja y todos los querían mucho, excepto una vecina a la que no le gustaban nada los perros.
Un día, la niña escuchó que querían atrapar a su perrito y quiso huir. Pero en ese momento se acercaba un tornado y, al salir corriendo, la niña tropezó y se golpeó en la cabeza.
La casa salió volando, y los tíos vieron desaparecer en el cielo a Dorita y su perro.
Viajaron sobre una nube mientras las tejas y las ventanas salían despedidas. Dorita y Totó se abrazaban esperando a que pasara el peligro.
Al aterrizar, unos extraños personajes acudieron a recibirlos y un hada, respondiéndo al deseo de Dorita de volver a casa, le aconsejó:
- Lo mejor es que vayáis a visitar al mago de Oz.
- No conozco el camino - replicó.
- Seguid siempre el sendero de baldosas amarillas.
En el camino, se cruzaron con un espantapájaros que quería un cerebro y un hombre de hojalata que deseaba un corazón, y juntos se dirigieron a Oz. Más tarde, de entre la maleza salió un león rugiendo débilmente, pero se asustó con los ladridos de Totó. Quería ser valiente, así que él también decidió acompañarles a ver al mago.
Un día, la niña escuchó que querían atrapar a su perrito y quiso huir. Pero en ese momento se acercaba un tornado y, al salir corriendo, la niña tropezó y se golpeó en la cabeza.
La casa salió volando, y los tíos vieron desaparecer en el cielo a Dorita y su perro.
Viajaron sobre una nube mientras las tejas y las ventanas salían despedidas. Dorita y Totó se abrazaban esperando a que pasara el peligro.
Al aterrizar, unos extraños personajes acudieron a recibirlos y un hada, respondiéndo al deseo de Dorita de volver a casa, le aconsejó:
- Lo mejor es que vayáis a visitar al mago de Oz.
- No conozco el camino - replicó.
- Seguid siempre el sendero de baldosas amarillas.
En el camino, se cruzaron con un espantapájaros que quería un cerebro y un hombre de hojalata que deseaba un corazón, y juntos se dirigieron a Oz. Más tarde, de entre la maleza salió un león rugiendo débilmente, pero se asustó con los ladridos de Totó. Quería ser valiente, así que él también decidió acompañarles a ver al mago.
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